Cosmética no apta para asquerosos

Dicen que la fórmula de la Coca-Cola es el secreto mejor guardado del mundo. Pero eso es porque nadie se ha percatado en lo rarísimos que son los etiquetados de los productos de belleza que utilizamos, no sólo en cosméticos sino también en jabones y champús. Ahora bien, ¿es oro todo lo que reluce? ¿Sabemos con qué nos estamos untando la cara? ¿Con qué perfilamos nuestros labios o nos quitamos las arrugas?

Circulan muchas leyendas urbanas al respecto de lo asqueroso –perdonad el término- que son algunos de los componentes de nuestras cremas y lociones favoritas. Algunos, en cambio, están comprobados científicamente y se venden más precisamente aprovechando el filón de sus “ingredientes”. Veamos algunos ejemplos. Después de esto, seguro que preferimos ir por la calle con la cara lavada.  Y sin jabón.

Uno de ellos es la cochinilla (Dactylopius coccus). Un insecto que contiene una sustancia que se extrae de los ejemplares femeninos y que se usa para producir un tinte rojo natural. ¿Dónde va a parar? Exacto: coloretes, lápices labiales y carmines. La baba de caracol se vende casi como tal. Es un componente clave de las cremas humidificadoras de muchas marcas de cosmética, ya que tiene una capacidad especial para formar una película protectora y transparente que retiene la humedad. También se emplea en cremas y medicamentos que combaten cicatrices, acné y estrías, por sus propiedades antioxidantes y antibacterianas.

El veneno de serpiente, tan explotado por Babaria, se utiliza como agente analgésico y antiinflamatorio, aunque nos lo venden como paralizante, porque bloquea los impulsos nerviosos de los músculos gracias a sus neurotoxinas. En teoría, este veneno detiene el proceso de formación de arrugas, sin los efectos secundarios del bótox o la cirugía.

Los cachalotes también son carne de cosmética. Bueno, su carne en realidad no lo es, sino una sustancia cerosa que se les forma en el tubo digestivo y que popularmente se conoce como ámbar gris. Muchos perfumes lo utilizan como fijador. Pero, atención, que más repelente puede resultar el hecho de que en Japón utilicen excrementos de ruiseñor (sí, y sólo este ave) para tonificar y limpiar los poros de la cara. De hecho, se comercializa en tiendas y a través de internet, a razón de 20 dólares los 30 gramos de excrementos.

Ahora sí, avisamos a navegantes, nos hemos dejado para el final lo más extravagante. Abstenerse personas con facilidad a las náuseas. Porque mucho se habla del esperma de algunos animales –e incluso hombres- y nadie parece mentir. La historia nos dice que en la Antigua Roma ya utilizaban el esperma masculino con fines cosméticos, y también en perfumería. Según los científicos, el semen bovino tiene gran cantidad de aminoácidos que dejan la piel más delicada y la rejuvenece. Nos quedamos sin palabras.

Las marcas SkinMedica y Vavelta van todavía un paso más allá. Al parecer, hay un elemento biológico que previene las arrugas: el prepucio de los niños. Ninguna de las empresas confirma cuánto utilizan, pero ambas aseguran que tienen en reserva “lo suficiente”. No sé a vosotros, pero a mí hasta me ha dolido. ¿Antes muerto que sencillo?

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